LA INVITACIÓN
24/01/2025.- En junio de 2010, recibí una invitación —vía correo electrónico— de una universidad privada de San Cristóbal, distante 642 kilómetros de donde vivo. El recorrido por tierra toma entre ocho y nueve horas. En época de lluvias y derrumbes, tal lapso puede aumentar hasta doce. Por ello, para mi traslado, debían enviarme pasaje aéreo de ida y vuelta. Como se trataba de una universidad, acepté y pedí que me llamaran por teléfono para ultimar detalles. La persona que se comunicó conmigo —una profesora que dijo ser la encargada de eventos y espectáculos— se escandalizó cuando le indiqué que mi traslado era doble, terrestre y aéreo, pues como no había vuelos directos entre su ciudad y la mía, debía ir primero a Maiquetía para desde allí viajar al Táchira. Dado que la actividad propuesta era de seis a ocho de la noche, tendría que quedarme esa noche en algún hotel, habida cuenta de que no había vuelos de retorno hasta la mañana siguiente. La profesora comentó: —Pensábamos que u...